Desde el blog de Néstor Martinez
¡Siempre se Aprende Algo!
Escuchaba hace algunos días un reportaje que se le hacía a Pablo Bottari, uno de los argentinos que más sabe de Guerra Espiritual. Ha sido colaborador muy cercano del conocido evangelista Carlos Anacondia. En realidad no es argentino de nacimiento, sino italiano y tampoco es Pablo, sino Paolo, pero esto no anula lo otro.
Con una gracia muy singular y despojado de todo ese halo de misterio y vedetismo con que suelen rodearse los que ministran estas áreas tan complejas, dio explicaciones sobre muchos puntos que la gran mayoría de creyentes desconocemos, incluidos los líderes de no pocas congregaciones.
Más allá de lo específico, que naturalmente, no es para comentar en espacios reducidos como el que los Blog nos proponen, quiero compartir contigo un aspecto que este siervo de Dios comentó y en el cual, nobleza obliga, me sentí incluido como supongo que debe estarlo medio planeta cristiano.
Bottari fue muy claro y conciso cuando señaló algo que todos sabemos teóricamente, pero muy pocos ponemos en práctica a la hora en que la necesidad lo impone: tener y poner por obra la autoridad que Jesucristo le ha otorgado a la iglesia, nosotros, su pueblo.
Yo te encuentro por la calle, te saludo con el afecto que podamos compartir y, tanto al llegar como al despedirme, expresaré el consabido y muy utilizado “¡Dios te bendiga!” con que los cristianos nos comunicamos.
¿Está mal? No vamos a decir que está mal, porque la intención del corazón es la que vale y Dios nos conoce y conoce nuestra condición interior. Pero sí podemos decir que no está del todo bien. ¿Por qué? Simple: porque no estamos haciendo lo que Él nos ha dicho que debemos hacer.
Dios nos dice que debemos bendecir a la gente. Eso significa que nosotros tenemos mandato y autoridad para cumplir con eso y bendecir a todos aquellos con los que podamos tener contacto.
¿Y no lo estamos haciendo, hermano? No. En realidad, lo que estamos haciendo, es expresar un deseo, no ejecutarlo. Decimos “Que Dios te bendiga”, cuando en realidad tenemos mandato y autoridad para decir: “Te bendigo”.
No sería tan importante esta pequeña diferencia si no fuera porque – Tal cual también lo decía Bottari –, somos muy cómodos y muy dados a pedirle a Dios que haga algo que Él ya nos otorgó autoridad y poder para hacer por nosotros mismos. Y lo peor del caso, que no solamente en esto.
Así que mi amado hermano, hermana, será el tiempo de, por lo menos en esta pequeña cosa, comenzar a movernos como Dios quiere que nos movamos y no como las doctrinas humanas nos enseñaron, ya sea por ignorancia o religiosidad.
Así es que, desde hoy, te propongo compartir nuestro saludo, tanto a incrédulos como a creyentes, usando todas las armas que Dios nos ha dado: ¿He sido claro? ¿Me has entendido? Amén y gracias a Dios por ello. Te bendigo.
Néstor.-
escrito por Néstor A. Martinez a las 6:21 PM 0 comentarios
lunes, diciembre 11, 2006
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