Marcos 9:38 – 9:41
Maestro --dijo Juan--, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo impedimos porque no es de los nuestros.
--No se lo impidan --replicó Jesús--. Nadie que haga un milagro en mi nombre puede a la vez hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor de nosotros. Les aseguro que cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre por ser ustedes de Cristo no perderá su recompensa.
Este relato es muy interesante, particularmente a la luz de las actuales divisiones entre la iglesia nominal. Pero antes de entrar un poco en las implicancias que tiene esta historia en la Iglesia contemporánea, veamos algunas claves que nos dejan el pasaje:
Vs. 39, 40: Nadie puede ser y luego dejar de ser de Cristo. Esto no significa que no haya personas que proclamen ser Cristianos y luego “renuncien” a Jesús, pero la Escritura nos deja en claro que aquellos nunca fueron en realidad hijos de Dios y que Sus santos perseveran hasta el final. Por lo tanto, los que son de Jesús no pueden después blasfemarlo (como lo hicieron muchos de los líderes religiosos judíos). Una persona es de Cristo o simplemente no lo es. No hay lugar intermedio ni tampoco se puede pasar de un bando al otro libremente.
Vs. 41: Nadie puede perder la salvación de Cristo. Jesús hace esta afirmación hablando específicamente a los 12 (vs.35) quienes, luego de la Ascensión del Hijo de Dios iban a salir al mundo en Su representación, por lo que cualquiera que los recibiera con un corazón sincero estaría en efecto, recibiendo y reconociendo también el mensaje del Evangelio que ellos traían. En este sentido, el mensaje es específicamente dirigido a ellos quienes estarían a cargo de transmitir la sana doctrina. Sin embargo hay una aplicación para nosotros, que consiste en entender que ser discípulo es radical; o uno es de Jesús o no lo es. Asimismo, ser de Cristo significa nunca dejar de serlo, si embargo también significa un cambio de vida y de corazón absoluto.
Habiendo establecido estas bases, la lección que quiere Jesús que aprendan los discípulos es que uno no es Cristiano por seguir una afiliación o grupo particular. Uno no era un discípulo simplemente porque estaba "con los 12", sino que ser discípulo dependía totalmente de la obra soberana y misteriosa (para el hombre) del Espíritu Santo. Las bases para entrar al reino de los cielos es una relación personal con Él, no la afiliación religiosa de una persona.
Aunque esto no significa que uno puede creer en Cristo como uno quiera, ya que creer en Cristo significa someterse a su reinado y Su Palabra, y sin duda, servir a otros hermanos en una iglesia local, nos ayuda a entender que la salvación o está ligada a alguna denominación. Uno no es Cristiano por ser Anglicano, ni Presbiteriano, ni Bautista, etc. etc. El verdadero Cristianismo no es una expresión religiosa sino una relación profunda y verdadera con el Rey.
Esto debería ayudarnos en ser más tolerante frente a otras iglesias Cristianas y respetarlas con tal que enseñen el Evangelio sin tergiversación y humillarnos al entender que la obra es de Dios y no de nosotros.
1 Juan 2:18, 19 / Romanos 8: 37-39
Juan 3:5-8
Gálatas 3:26-29
domingo, octubre 01, 2006
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